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martes, 26 de enero de 2016

Ushuaia a pie de calle


Después de casi un mes aquí, me voy sin tener decidido si Ushuaia me gusta o no. Si hubiera llegado en barco, la primera impresión habría sido buena, pues los paisajes que la rodean son espectaculares y la vista de la ciudad desde el puerto también es atractiva. Situada en una ladera orientada al sur, con las casas de colores en contraste con las montañas nevadas situadas justo detrás y rodeada de bosques. Ideal.

Vista de Ushuahia y el Canal Beagle desde el avión.

El caso es que llegué en avión. Y sí, los paisajes desde el aire, más espectaculares aún que desde el mar, y el aeropuerto moderno y acogedor, todo construido en madera vista como si fuese una gran cabaña en el bosque. Pero nada más salir las cosas ya cambian, lo primero que se nota es el viento, frío y seco. En estos veintitantos días hemos tenido de todo, días de sol espléndido y días en los que ha nevado. Incluso ha habido de todo en el mismo día. Dicen por aquí que es habitual tener las cuatro estaciones del año en un mismo día. Esto debe ser normal en estas latitudes, tanto en el norte como en el sur, porque lo mismo he oído respecto a Escocia, por ejemplo. Pero lo que ha predominado sobre todo el resto, han sido los días de viento, fuerte, racheado y cambiante aunque casi siempre del oeste. También es verdad que se nota mucho más en el puerto que por las calles de la ciudad. Ahora es verano, ya no quiero ni pensar lo duro que tiene que ser aquí el invierno.

Continuando con esa primera impresión, en los escasos diez minutos que duró el traslado desde el aeropuerto hasta el barco, pude ver una ciudad bastante abandonada, o mejor dicho, llena de contrastes. Ibamos por una carretera con el asfalto muy deteriorado, pasando por una zona con alguna nave industrial y viviendas bastante destartaladas y de pronto llegamos a una zona de chalets unifamiliares, todos con su parcela y un parque muy cuidado. 

Bonito parque y chalets de madera a la entrada de la ciudad.

En la misma entrada de la ciudad, si miramos a la izquierda vemos el casino, un edificio grande y moderno y en el mismo punto, mirando a la derecha, en pleno paseo marítimo, el Saint Christopher, un viejo remolcador inglés de tiempos de la Segunda Guerra Mundial, con estructura de acero pero forro de madera, que hace sesenta años que se fue contra las piedras y allí se quedó. Una pena que no se le recupere pues el paso del tiempo está acabando poco a poco con él. No es el único, se ven otros barcos más modernos abandonados en la costa. 

Remolcador Saint Christopher

Destaca también una carretera de tierra que atraviesa la bahía por encima de un relleno artificial. Todo un desmán ecológico y estético. Más tarde me enteré que fue hecho con el único fín de que los coches no pasen por medio de la zona de chalets de madera. Es la “Misión Alta”, barrio fundacional de la ciudad en 1884. La parte de la bahía que ahora solo está comunicada con el mar a través de unas tuberías, se llama Bahía Encerrada y debido, a la desembocadura en ella de un río que arrastra todos los desperdicios de buena parte de la ciudad y a la poca renovación del agua, se ha convertido en un auténtico foco de contaminación. Aún así, en ella se pueden ver bastantes aves acuáticas que acuden atraídas por la tranquilidad de las aguas y la disponibilidad de alimento fácil.

Barrio de la Misión Alta y a la derecha del relleno Bahía Encerrada.

La ciudad no es grande, tiene unos 60.000 habitantes, y además está dividida como en varios núcleos. Este es un punto a favor. Me gustan los puertos pequeños, donde se puede salir del barco caminando tranquilamente y poder verlo todo en una tarde. Las viviendas son de todo tipo, hay bloques que bien podría parecer que estamos en una ciudad de Europa del este, al lado de casas super cuidadas, algunas de madera, y al lado mismo aunténticos desastres, no solo arquitectónicos, que también, sino por como las tienen sus propios habitantes, sin ningún gusto por la estética ni el orden. Esto en el centro.



Vistas de la ciudad

Mirando a las afueras, destaca un gran zarpazo hecho al bosque para construir viviendas, o mejor dicho, chabolas. Son lo que aquí llaman asentamientos de usurpadores. La ciudad ha crecido mucho en los últimos años. En los años ochenta andaba por los 12.000 habitantes, en el 2000 eran 45.000 y ahora pasan de 60.000. Este crecimiento, debido a la llegada de inmigrantes, tanto desde el propio país, como de otros países sudamericanos, ha creado núcleos de pobreza que no tienen otro remedio que procurarse una vivienda en terrenos no autorizados, de ahí el nombre de usurpadores. Los inmigrantes acuden aquí atraídos por la alta demanda que hay de trabajadores para el sector del turismo y para los polígonos industriales dedicados al ensamblaje de electrodomésticos y maquinaria, nacidos a raíz de la ley de promoción industrial que establece una serie de atractivos económicos para las empresas que se instalen aquí (una especie de zona franca o algo así). Al problema de la falta de posibilidades económicas para el acceso a la vivienda se une el que la mayoría del terreno “bueno” está declarado como de uso militar. Aún con todo, Ushuaia es la ciudad con mayor renta por habitante del país.

Asentamiento de "usurpadores".


Desde el mismo puerto ya se adivina la importancia del turismo como motor económico de la ciudad. Los cruceros antárticos tienen que hacer cola para acceder al muelle para dejar y recoger a nuevos pasajeros. También son habituales las escalas de los cruceros clásicos. Hace unos días estuvo en el puerto un crucero peculiar, The World. Aparentemente es un buque de crucero normal, ni siquiera es el más grande, ni el de diseño más llamativo, pero tiene una particularidad que lo hace único y es que los pasajeros son dueños de sus camarotes. Es decir, es como quien tiene un apartamento, pero este apartamento se mueve por el mundo. Y los dueños embarcan y desembarcan cuando quieren. Lo que ya no sé es cuánto costará uno de estos camarotes. Seguramente mucho. El puerto es muy pequeño para el tráfico que tiene y en él coinciden los barcos de pasaje y los de contenedores. Los segundos siempre tienen que estar cediendo el sitio a los primeros, por lo que las cargas y descargas se hacen eternas. Entre eso, el viento que para las operaciones cada poco y alguna avería inoportuna llevamos veinte días esperando por nuestra carga.
El único muelle de Ushuaia se queda pequeño. Aquí lo vemos repleto; con cruceros antárticos, crucero The World y un oceanográfico ruso.


Portacontenedores Taba Bay, que trajo nuestro material y tardó quince días en descargarlo.


En las mismas calles del centro también está todo enfocado al turismo. Todo son establecimientos de venta de souvenirs, otros que ofrecen servicios de transportes y guía para rutas turísticas, tanto en tierra como salidas a hacer navegaciones cortas por el Beagle, para ver pingüinos principalmente, y muchísimas tiendas de ropa y material de montaña. Cafeterías, restaurantes y hoteles también hay buena cantidad. No es el caso de establecimientos tipo cervecerías y locales de copas. De estos apenas hay cuatro o cinco. Me llamó la atención  que bastantes de estos locales tienen una decoración muy inglesa, pese a que por toda la ciudad hay referencias constantes a la ocupación de las Islas Malvinas por los ingleses. Por ejemplo, en la misma entrada del puerto, un cartel bien grande, imposible no verlo, pone textualmente “Prohibido el amarre de los buques piratas ingleses, Ley Gaucho Rivero nº 852/2011” y en la misma oficina de turismo se reparten unos folletos, que en inglés, explican el conflicto de las Malvinas desde el punto de vista argentino. 
Pub Dublín, uno de los más populares de la ciudad.


Carteles a la entrada del puerto.




También resulta curioso como, en los locales que no son estrictamente restaurantes, también se sirve comida y además a cualquier hora. Es habitual, por ejemplo a la una de la madrugada, gente tomando copas y bailando y justo al lado una mesa con gente cenando. Lo que más se bebe es cerveza, principalmente las marcas locales Quilmes y Beagle; aunque también hemos localizado un sitio donde tienen Estrella Galicia.
Estrella Galicia sobre la barra del Viagro.


Los precios, caros, muy caros. El peso argentino se está cambiando aproximadamente a quince por cada euro. La cerveza de tercio lo mínimo que he visto son 50 pesos y lo habitual 70. La ropa y el calzado de montaña, más caro que en España. Tenía pensado comprar algo ya que además hay mucha variedad para escoger pero me temo que no lo haré. Una habitación doble en un hostal 1300 pesos por noche. Además a esto se une que los cajeros cobran unas comisiones exageradas. Por sacar 300 pesos me cobraron 79 de comisión. También es habitual que los fines de semana los cajeros automáticos de toda la ciudad se queden sin dinero. Recuerdo en otra estancia en Argentina en 2003 que el cambio era a tres pesos por cada euro y los precios desde luego que eran otros. También es verdad que no era en Ushuaia, que seguramente el tema precios altos se debe al turismo “de nivel” porque los cruceros y los vuelos seguramente no son precisamente baratos y al aislamiento y los altos costes de transporte que trae consigo.
La gente en general me parece bastante amable y conversadora. Eso sí, en los bares un poco lentos en el servicio. Y por la calle la sensación de seguridad es total, nada que ver con lo que se dice de otros sitios de Sudamérica en cuanto a robos y violencia.

Y eso es todo y creo que así me quedaré pues según Radio Mamparo hay cambio de planes y  el siguiente viaje no vamos a volver aquí. Ya veremos. De momento hoy a las 22:00 soltaremos amarras, destino BAE Juan Carlos I en la Isla Livingston (Antartida), pasando el Canal Beagle, Cabo de Hornos y el Paso de Drake....casi ná!!!

Monte Olivia, a unos pocos kilómetros al este de Ushuaia. Su visión al atardecer en días despejados es espectacular.

domingo, 17 de enero de 2016

Aves en Tierra del Fuego

Por lo que he podido ver hasta ahora, las aves no abundan en los bosques fueguinos. Seguramente el alimento no es muy abundante, debido al frío que no deja proliferar a los insectos, a la pobreza del suelo y a lo cerrado de los bosques que apenas deja crecer el sotobosque y a que los bosques, son casi en exclusiva de lengas por lo que el hábitat es único.
En las dos excursiones que he hecho, solo he visto tres especies y por suerte he podido fotografiar a las tres. Las fotos y la mayoría de las observaciones fueron hechas en los puntos del camino donde la gente se para a comer y las aves acuden al reclamo de los restos de comida. Creo que esto es una señal clara de que estos bosques no ofrecen mucho alimento a sus habitantes.

Las aves que presento aquí son el chingolo (zonotrichia capenis), el comesebo patagónico (phrygilus patagonicus) y el chimango (milvago chimango).

El chingolo es un paseriforme muy parecido al gorrión, tanto por tamaño, coloración del plumaje y comportamiento. Se extiende por toda América Central y del Sur y en gran variedad de hábitats, como poblaciones, bosques, llanuras y laderas. Se dice que allí donde el hombre construya una casa y plante un árbol llegará un chingolo para hacerle compañía. Es un ave sedentaria, muy activa y abundante. Su alimento principal son las semillas y los gusanos.

Chingolo (zonotrichia capenis)
El comesebo también es un paseriforme, un poco mayor que el anterior. El de la foto es un macho. La hembra tiene los colores mucho más apagados. Vive en laderas con vegetación hasta 1800 metros de altitud, en el sur de Argentina y Chile. En invierno migra al norte, hasta el centro de estos países. Se alimenta de semillas, frutos, insectos y restos de comida de los humanos. Este se acercó para picotear los restos de una manzana.


Comesebo (phrygilus patagonicus)

El chimango es un falconiforme, con un tamaño similar a una corneja; un poco mayor la hembra que el macho. Los machos adultos tienes las patas de color amarillo, mientras que en las hembras y los juveniles, estas son pálidas. Vive sedentario en toda Argentina, Chile y Uruguay aunque la subespecie de Tierra del Fuego emigra al norte en invierno. Es muy adaptable, ocupando todo tipo de hábitats, desde la costa hasta una altura de 1000 metros. Es claramente carroñero y también caza pequeños roedores y aves juveniles.



Chimango (milvago chimango)

jueves, 14 de enero de 2016

Excursión a la laguna Esmeralda y algo más....


El sábado 9 de enero el día amaneció bueno, toda una novedad después de una semana de constantes vientos fuertes que nos impidieron salir de barco. Así que, como no tenía guardia, me pareció el día ideal para ir a conocer la laguna Esmeralda. Según las fotos que había visto y los comentarios que había escuchado, merecía mucho la pena. Y así fue.
Gabi y yo salimos del barco en la lancha de las 12 y tras una visita a la oficina de turismo para pedir información, nos dirigimos hacia la parada de combis, que es como aquí llaman a los microbuses que salen de la ciudad hasta diferentes puntos de interés turístico.
Por 250 pesos cada uno, sacamos el billete de ida y vuelta hasta el inicio de la ruta; en un punto situado a unos 20 km de Ushuaia por la Ruta Nacional 3, carretera que tiene un extremo aquí y que forma parte de la Ruta Panamericana que une Alaska con Tierra de Fuego, tras casi 30.000 km.

Ruta Nacional 3, a su paso por el punto de inicio de nuestro camino.

A las 13:40 comenzamos a caminar. Teníamos por delante 4,5 km de sendero perfectamente señalizado y la intención de volver para coger el combi de las 18:00. El día estaba nublado la mayor parte del tiempo, aunque aquí, como es tan cambiante, durante la ruta tuvimos momentos de sol y también de lluvia ligera y viento. A veces sobraba la ropa por el calor y a veces pasábamos algo de frío.

Espeso bosque de lengas en los primeros tramos del camino.

Al principio, el camino atraviesa un bosque de lengas cerradísimo, donde la luz apenas llega al suelo. Esto, junto con la pobreza del terreno arenoso, hace que prácticamente no halla vegetación de suelo y esté cubierto de troncos muertos. Hay una sensación de mucho contraste entre las copas llenas de vida y el suelo sin ella. Además el silencio en el bosque es total pues apenas hay aves. Solo se oye el viento.
Después de una media hora en el bosque, este empieza a clarear y en un momento llegamos a un espacio abierto, con el suelo pantanoso y troncos de árboles muertos pero que permanecen en pie. Nos encontramos las primeras presas de castores.

Primeras castoreras del camino. Se ven troncos de árboles secos debido a la inundación permanente de sus raíces.

Pronto se llega a una gran llanura sin árboles, atravesada por un río que tiene numerosas presas. Se ve algún dique de más de un metro de altura y más de diez de ancho y la isla-madriguera en medio del agua remansada.

Arboles caídos y superficie desforestada a ambos lados del río, debido a las actividades de los castores.

Siempre me han llamado la atención los castores e iba con la cámara preparada por si alguno se pusiese a tiro, pero no fue así, pues son de hábitos nocturnos o crepusculares. El aspecto negativo de esto, es que los castores son una especie introducida por el hombre y su proliferación está causando graves daños al equilibrio ecológico en toda la región de Tierra del Fuego. Fueron introducidos a mediados del siglo XX para explotar sus pieles, pero, ante la falta de enemigos naturales, proliferaron tanto que ahora son una plaga. Los daños que causan en el entorno no son solo porque comen madera y hojas de los árboles y los utilizan para hacer diques, sino que como consecuencia de estos diques, se modifica el curso del río y se anegan llanuras y los arboles de las mismas mueren. También se modifica el régimen de los ríos y la forma de transporte de sedimentos, provocando erosión del terreno. En su hábitat natural, en los bosques canadienses, estos problemas no ocurren porque, además de tener depredadores naturales como el lobo y el oso, los árboles de aquel entorno no mueren por estar en terrenos encharcados.

Vista general de la mayor presa de las que vimos.
El dique, calculado a ojo,  tendría un metro de altura y más de diez de largo. Aunque con dificultad tambien se aprecia la isla madriguera, cercana a la otra orilla.


Lo cierto es que, cuando venía en el avión, ya observé la cantidad de árboles muertos que había a las orillas de los ríos pero no me imaginaba cual era la causa.
El problema es tan serio que los gobiernos de Argentina y Chile han creado programas de erradicación, pagando a cazadores autorizados por sus capturas. De estas capturas se aprovecha la piel de la cola y la carne para comida de animales y también hay intentos de introducirla para consumo humano.

Continuando el camino, volvemos a atravesar un bosque en un duro repecho de unos 10 minutos. Al ir ascendiendo, el tamaño de las lengas va disminuyendo, primero hasta parecer simples arbustos y luego desparecer por completo. En ese momento ya adivinamos el final de la ruta al final del valle donde se ve el glaciar Ojo del Albino, origen de la laguna. 

Una pequeña parada cerca ya del final.

La laguna no la veremos hasta el último momento; la oculta una pequeña colina originada por los materiales arrastrados por el glaciar. Seguramente, cuando el glaciar se retiró, esta colina hizo de cierre para la salida del agua del deshielo y se formó la laguna. Recordando los tiempos del BUP, creo que es el ejemplo más claro que he visto de lago de origen glaciar, que tanto se esforzaban en explicarnos con dibujos en la pizarra.

Ultimos metros sin poder ver aún la laguna. La espera hasta el final hace aún más impresionante la primera visión.
Detalle de lo que queda del glaciar Ojo del Albino que en su retirada creó la laguna.

El color de las aguas sorprende y, como en las orillas hay una pequeña franja de playa de grava fina y blanca, podría uno pensar que está en una playa caribeña, aunque el viento frío que soplaba y las nubes negras soltando alguna gota de agua, nos recordaban que no era así.



Vista general y detalle a ras de agua de la laguna Esmeralda.

Comimos el bocata protegidos entre los árboles y regresamos al punto de origen por el mismo camino.
La idea, una vez de vuelta en Ushuaia, era tomar algo mientras esperábamos la lancha de las 20:00 para el barco. Pero las cosas sucedieron de manera muy distinta. El mar había empeorado repentinamente debido al fuerte viento y al poco tiempo llegó la noticia de que no podían venir a buscarnos y que harían un intento a las 22:00. Mientras esperábamos, nos encontramos con otros cinco compañeros que estaban en la misma situación. Para las diez, la situación, lejos de mejorar, había ido a peor y ahí empezó nuestra odisea.
Casi de noche, con frío, lluvia y viento, con lo puesto de ropa, con poco dinero, con poca batería en los móviles, con los hoteles de la ciudad repletos y los que no a unos precios desorbitados,… conseguimos dormir a techo en una academia de idiomas, convertida en verano en albergue para mochileros. 

Esperando para volver a bordo.

Al día siguiente, el temporal continuaba y a ello se sumó el cansancio acumulado (de la caminata del día anterior y de haber salido a conocer la noche fueguina, todo hay que decirlo), con la misma ropa y sin un solo peso disponible en ningún cajero de la ciudad. Tuvimos que pasar otro día y otra noche, esta vez durmiendo en un sitio mucho mejor pero tras haber tenido que negociar con la dueña, que no aceptaba pago con tarjeta, pero sí aceptó el pago en euros enviados desde el barco cuando pudieran venir a buscarnos. Durante la segunda noche, el tiempo mejoró y se concertó un barqueo para las ocho de la mañana y, tras un poco de suspense, pues justo a las siete el viento empezó a soplar con fuerza otra vez, a las ocho y media de la mañana estábamos de nuevo a bordo.

No recuerdo haber estado nunca antes tan contento de volver a pisar la cubierta.

Algunos dicen que no piensan volver a salir hasta que el barco esté bien amarrado al muelle. No sé yo, me da la impresión que tendremos fondeo para rato, así que según vayan pasando los días seguro que van cambiando de opinión.

miércoles, 6 de enero de 2016

Por los Montes Martial

El 1 de enero de 2016 amaneció un día espectacular en Ushuaia. Sol total y nada de viento. Ideal para salir a conocer la zona. Sobre las nueve de la mañana, nos encontramos varios compañeros libres de guardia en la cubierta del barco y decidimos subir hasta el glaciar Martial, tal como nos había recomendado otro compañero que ya lo había visitado.



Circo glaciar y Montes Martial, con una altura máxima de 1319 metros.


El glaciar está situado justo detrás de la ciudad, según se mira desde el barco. Por lo que nos habían dicho a unos 7 kilometros por carretera montaña arriba y luego varios más por sendero. La idea inicial era ir en bici hasta donde pudiesemos pero, como ibamos cuatro y solo tenemos tres bicis, decidimos cambiar de medio de transporte y buscar un "remis", que es algo parecido a un taxi pero con algunos matices.



Avenida principal de Ushuaia, prácticamente desierta el 1 de enero.

Así pues,  Antonio, Alberto, Alejandro y yo salimos del barco en la zodiac y nos dirijimos hasta la oficina de turismo, donde nos dieron un mapa y algunas indicaciones para la ruta; y por la Avenida San Martín, la más concurrida de la ciudad, que ese día y a esa hora estaba prácticamente desierta, llegamos a la oficina de Remises Carlitos y allí solicitamos un coche.
A los pocos minutos llegó el vehículo y acordamos con el conductor que el precio serían 115 pesos; unos 8 €. En el trayecto, en un viejo Volkswagen con asientos de escai, fuimos en animada conversación con el remisero. Nos contó, por ejemplo, que la Nochevieja había sido tranquila en la ciudad y que aquí, lo que se estila en esas fechas es hacer la "joda" (= fiesta) en el campo; pandillas de amigos al aire libre, con música, bebida y comida y que es habitual que este tipo de jodas acaben en bronca.
Sobre las once llegamos a la base de la estación de esquí Martial y empezamos a caminar. El sendero transcurre a la orilla del río, que baja con fuerza de la montaña debido a la pronunciada pendiente y al deshielo. Caminamos a la sombra de unos árboles desconocidos para nosotros; por el tronco parecen coníferas pero las hojas son completamente distintas. Más adelante, gracias a un panel explicativo, pudimos saber que el árbol en cuestión es la lenga. Los bosques que rodean la ciudad están formados, casi exclusivamente, por este árbol.


Subiendo al lado del río, el glaciar se ve, a ratos, entre las lengas.














Ascendemos durante aproximadamente hora y media, a paso lento, charlando, haciendo fotos y admirando el paisaje. Por delante tenemos las moles rocosas cubiertas de nieve que conforman el circo glaciar Martial y si mirábamos atrás, vemos las aguas azules del Canal Beagle, con la ciudad asomando a nuestros pies entre los árboles, el Sarmiento fondeado cerca y la isla chilena Navarino, en la otra orilla.



El Canal Beagle, a nuestras espaldas según subimos.
Según vamos subiendo el tamaño de las lengas se reduce y sus troncos se retuercen, seguramente debido al azote del viento y al peso de la nieve que los cubre buena parte del año, llegando al punto de ser nosotros más altos que ellas, en lo que parece un inmenso jardín de bonsais. Al alcanzar una altura de unos 600 metros, los arboles ceden su sitio a una turbera que, en esta época del año, rezuma agua por todas partes y el río, ya convertido en arroyo, se descompone en multiples brazos bajando de las montañas que ya tenemos por delante y a los lados.



Turbera, bosquecillo de lengas que parecen bonsais y circo glaciar completo.

A partir de este punto ya caminamos entre manchas de nieve y se ve el resto de la ruta completa, que atravesando neveros cada vez de mayor entidad, va serpenteando ladera arriba, hasta llegar a una cascada de varias decenas de metros que cae por una pared de piedra vertical. Sin embargo, hacia la derecha sube otro camino, nada concurrido ese día pero con huellas de días pasados en la nieve. Al final hay un collado entre dos cumbres y decidimos subir hasta allí, para hacer un poco más larga la ruta y ver lo que hay al otro lado.



Siguiendo la ascensión por la ladera derecha mientras veíamos la ruta principal y la cascada al otro lado.

Al principio parece fácil, pero cuanto más avanzamos, a través o bien de nieve o bien de piedra suelta, más crece la pendiente. Es necesario incluso ayudarse a trepar con las manos en los últimos metros pero, una vez arriba, el esfuerzo merece la pena. Se llega a una altura de 990 metros y allí se acaba el camino, en un cortado vertical de varios cientos de metros, que deja ver un precioso valle, atravesado por un río con meandros y alguna laguna. Luego el río se interna en un bosque  y todo ello rodeado de montañas nevadas y en absoluto silencio. Luego supe que el valle en cuestión se llama Valle de Andorra.









Vistas desde el final de la ruta, a un lado el Valle de Andorra y por otro el Canal Beagle al fondo.

Tras las fotos de rigor nos sentamos a comer los bocadillos, contemplando el paisaje. Al cabo de un rato llegó a nuestra altura una pareja de neozelandeses, que según nos dijeron, habían intentado subir hacía diez dias pero les fue imposible por la cantidad de nieve que había. Ahora habían vuelto tras hacer un crucero por la Antártida.
Llegó la hora de bajar.....y de disfrutar, porque a ratos deslizándonos sentados sobre la nieve o a ratos corriendo sobre ella sabiendo que de caer era como caer entre algodón, nos presentamos en la base del glaciar en veinte minutos mientras que para subir empleamos casi dos horas.



Descenso entre la nieve.





El resto del descenso por el bosque de lengas ya no fue solo hasta la estación de esquí, sino que continuamos por él hasta el mismo pie de la ciudad.
Lo siguiente fueron una, dos y hasta tres cervezas en los locales de Ushuaia, buscando conexión wifi para compartir con nuestra gente las fotos del buen dia de montaña que vivido. Mi hijo Manuel, de seis años, al ver el video deslizándome montaña abajo entre la nieve, dijo que "papá lo está pasando allí mejor que yo aquí"...y seguramente a ratos ese día fue así.



domingo, 3 de enero de 2016

Para empezar: Ushuaia, la ciudad del fín del mundo


Cuantas ideas tengo para contar en el blog y que dificil se me está haciendo empezar; ya perdí la cuenta de las veces que he borrado y vuelto a escribir esta primera línea.



Estoy, dicen, en el fín del mundo. Todo aquí lleva ese adjetivo: Ciudad del fín del mundo, Tren del fin del mundo, Hotel Fin del mundo, Estación del fin del mundo, Pizzería Fín del mundo, etc. No sé yo, creo que ya he estado en varios fines del mundo, pero en ningún principio.

Ushuaia, con el muelle comercial en primer término y los Montes Martial detrás.

Canal Beagle, con el B/O Sarmiento de Gamboa fondeado.
El caso es que, este principio de año me encuentra embarcado en el B/O Sarmiento de Gamboa, fondeado en Ushuaia, capital de la provincia argentina con el llamativo nombre de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur (Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur). La ciudad está situada en el extremo sur de América, en la Isla Grande de Tierra del Fuego y sea o no sea el fín del mundo, si es ciudad más austral del mundo (54º 46' S). Está ubicada en la orilla norte del Canal Beagle y rodeada por los montes Martial. 

Oficialmente, la ciudad fue fundada el 12 de ocutubre de 1884 por una expedición argentina, que tenía por misión instalar una subprefectura en la zona. Actualmente, tiene unos 60.000 habitantes y 127.000 toda la provincia (desconozco si se contabilizan los habitantes de las Malvinas, Georgias y Sandwich reclamadas por Argentina, pero actualmente bajo dominio británico).
Vista de la ciudad desde el Sarmiento amarrado en el muelle.
Ushuaia es un gran polo turístico. En el verano austral recibe a muchos visitantes que acuden atraidos por los impresionantes paisajes naturales, a practicar senderismo, montañismo, navegación de recreo y observación de animales marinos por el Canal Beagle y deportes de aventura. Así es que la gran mayoría de negocios en la ciudad son tiendas de ropa, material de montaña, empresas de turismo activo y hoteles. También es el principal punto de acceso a la Antártida. Todos los días llegan al puerto varios cruceros antarticos, que incian y/o finalizan el viaje aquí, aprovechando las facilidades que da el aeropuerto internacional situado a diez minutos del centro de la ciudad y del puerto. También es punto de partida para los transbordadores que cruzan hacia el lado chileno del Beagle y para las expediciones oceanográficas y de abastecimiento de las bases antárticas. Por este motivo estamos aquí nosotros y también está en el puerto estos días el BIO Hespérides y ayer estuvo un buque oceanográfico ruso. En invierno destaca el turismo de esquí.
Avenida de San Martín, calle más concurrida de la ciudad.




Calle de la parte alta de la ciudad.



La duración del día y la noche son muy variables, estos días, los más largos del año, la oscuridad total se produce cerca de la medianoche y a las tres de la mañana ya empieza a clarear el cielo. En invierno, las horas de luz nos son más de seis.
Diez de la noche del primer día de 2016, últimos rayos de sol sobre el Canal Beagle.

El clima es suave y variable en verano y frío, suavizado por la presencia del mar, en invierno.
El B/O Sarmiento de Gamboa, en su primer viaje a estas latitudes, está ejerciendo como medio de transporte de material para Base Antártica Española (BAE) Juan Carlos I, ubicada en la Isla Livingstone y que está en pleno proceso de ampliación. 
B/O Sarmiento de Gamboa fondeado en la bahía de Ushuaia.
Ya ha hecho un primer viaje con carga y personal para abrir la Base (solo está operativa entre diciembre y marzo) y ahora el buque está en Ushuaia esperando por la carga del segundo. Se supone que va a haber un tercero, e incluso un cuarto y también se irá a llevar material a la BAE Gabriel de Castilla, situada en la Isla Decepción, a unas cuarenta millas de la anterior. La tripulación actual, entre la que me incluyo, hemos viajado aquí en avión hace unos días y para la gran mayoría de nosotros será nuestra primera experiencia antártica. Así pues, tendré mucho que contar en las siguientes entradas del blog :-).