miércoles, 6 de enero de 2016

Por los Montes Martial

El 1 de enero de 2016 amaneció un día espectacular en Ushuaia. Sol total y nada de viento. Ideal para salir a conocer la zona. Sobre las nueve de la mañana, nos encontramos varios compañeros libres de guardia en la cubierta del barco y decidimos subir hasta el glaciar Martial, tal como nos había recomendado otro compañero que ya lo había visitado.



Circo glaciar y Montes Martial, con una altura máxima de 1319 metros.


El glaciar está situado justo detrás de la ciudad, según se mira desde el barco. Por lo que nos habían dicho a unos 7 kilometros por carretera montaña arriba y luego varios más por sendero. La idea inicial era ir en bici hasta donde pudiesemos pero, como ibamos cuatro y solo tenemos tres bicis, decidimos cambiar de medio de transporte y buscar un "remis", que es algo parecido a un taxi pero con algunos matices.



Avenida principal de Ushuaia, prácticamente desierta el 1 de enero.

Así pues,  Antonio, Alberto, Alejandro y yo salimos del barco en la zodiac y nos dirijimos hasta la oficina de turismo, donde nos dieron un mapa y algunas indicaciones para la ruta; y por la Avenida San Martín, la más concurrida de la ciudad, que ese día y a esa hora estaba prácticamente desierta, llegamos a la oficina de Remises Carlitos y allí solicitamos un coche.
A los pocos minutos llegó el vehículo y acordamos con el conductor que el precio serían 115 pesos; unos 8 €. En el trayecto, en un viejo Volkswagen con asientos de escai, fuimos en animada conversación con el remisero. Nos contó, por ejemplo, que la Nochevieja había sido tranquila en la ciudad y que aquí, lo que se estila en esas fechas es hacer la "joda" (= fiesta) en el campo; pandillas de amigos al aire libre, con música, bebida y comida y que es habitual que este tipo de jodas acaben en bronca.
Sobre las once llegamos a la base de la estación de esquí Martial y empezamos a caminar. El sendero transcurre a la orilla del río, que baja con fuerza de la montaña debido a la pronunciada pendiente y al deshielo. Caminamos a la sombra de unos árboles desconocidos para nosotros; por el tronco parecen coníferas pero las hojas son completamente distintas. Más adelante, gracias a un panel explicativo, pudimos saber que el árbol en cuestión es la lenga. Los bosques que rodean la ciudad están formados, casi exclusivamente, por este árbol.


Subiendo al lado del río, el glaciar se ve, a ratos, entre las lengas.














Ascendemos durante aproximadamente hora y media, a paso lento, charlando, haciendo fotos y admirando el paisaje. Por delante tenemos las moles rocosas cubiertas de nieve que conforman el circo glaciar Martial y si mirábamos atrás, vemos las aguas azules del Canal Beagle, con la ciudad asomando a nuestros pies entre los árboles, el Sarmiento fondeado cerca y la isla chilena Navarino, en la otra orilla.



El Canal Beagle, a nuestras espaldas según subimos.
Según vamos subiendo el tamaño de las lengas se reduce y sus troncos se retuercen, seguramente debido al azote del viento y al peso de la nieve que los cubre buena parte del año, llegando al punto de ser nosotros más altos que ellas, en lo que parece un inmenso jardín de bonsais. Al alcanzar una altura de unos 600 metros, los arboles ceden su sitio a una turbera que, en esta época del año, rezuma agua por todas partes y el río, ya convertido en arroyo, se descompone en multiples brazos bajando de las montañas que ya tenemos por delante y a los lados.



Turbera, bosquecillo de lengas que parecen bonsais y circo glaciar completo.

A partir de este punto ya caminamos entre manchas de nieve y se ve el resto de la ruta completa, que atravesando neveros cada vez de mayor entidad, va serpenteando ladera arriba, hasta llegar a una cascada de varias decenas de metros que cae por una pared de piedra vertical. Sin embargo, hacia la derecha sube otro camino, nada concurrido ese día pero con huellas de días pasados en la nieve. Al final hay un collado entre dos cumbres y decidimos subir hasta allí, para hacer un poco más larga la ruta y ver lo que hay al otro lado.



Siguiendo la ascensión por la ladera derecha mientras veíamos la ruta principal y la cascada al otro lado.

Al principio parece fácil, pero cuanto más avanzamos, a través o bien de nieve o bien de piedra suelta, más crece la pendiente. Es necesario incluso ayudarse a trepar con las manos en los últimos metros pero, una vez arriba, el esfuerzo merece la pena. Se llega a una altura de 990 metros y allí se acaba el camino, en un cortado vertical de varios cientos de metros, que deja ver un precioso valle, atravesado por un río con meandros y alguna laguna. Luego el río se interna en un bosque  y todo ello rodeado de montañas nevadas y en absoluto silencio. Luego supe que el valle en cuestión se llama Valle de Andorra.









Vistas desde el final de la ruta, a un lado el Valle de Andorra y por otro el Canal Beagle al fondo.

Tras las fotos de rigor nos sentamos a comer los bocadillos, contemplando el paisaje. Al cabo de un rato llegó a nuestra altura una pareja de neozelandeses, que según nos dijeron, habían intentado subir hacía diez dias pero les fue imposible por la cantidad de nieve que había. Ahora habían vuelto tras hacer un crucero por la Antártida.
Llegó la hora de bajar.....y de disfrutar, porque a ratos deslizándonos sentados sobre la nieve o a ratos corriendo sobre ella sabiendo que de caer era como caer entre algodón, nos presentamos en la base del glaciar en veinte minutos mientras que para subir empleamos casi dos horas.



Descenso entre la nieve.


video



El resto del descenso por el bosque de lengas ya no fue solo hasta la estación de esquí, sino que continuamos por él hasta el mismo pie de la ciudad.
Lo siguiente fueron una, dos y hasta tres cervezas en los locales de Ushuaia, buscando conexión wifi para compartir con nuestra gente las fotos del buen dia de montaña que vivido. Mi hijo Manuel, de seis años, al ver el video deslizándome montaña abajo entre la nieve, dijo que "papá lo está pasando allí mejor que yo aquí"...y seguramente a ratos ese día fue así.



2 comentarios:

  1. Impresionantes imágenes Mario.
    El crío tiene razón...
    Disfruta, un abrazo.

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  2. Sin palabras...qué envidia sanita me das! Disfruta mucho Mario y por toda la "cara excursión" que puedas y así disfrutamos muchos de lo que aquí cuelgas. Un abrazo!

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