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lunes, 30 de enero de 2017

ANTARTIDA 2017 - RESUMEN FOTOGRAFICO

Terminada la campaña Antarlog 2 y ya de camino a España, en esta entrada, hago un pequeño resumen fotográfico de estos 20 días antárticos.

La estancia estuvo marcada por el buen tiempo, de mar muy pocos días malos hubo y de cielo muchos fueron despejados lo que permitió hacer buenas fotos.


Vista de la Bahía Sur, con la BAE Juan Carlos I, el B/O Sarmiento de Gamboa y el glaciar Charrua desde la cima del Monte Sofía, en la isla Livingston.

BAE Juan Carlos I, monte Sofía, glaciar Johnson y al fondo montes Tangra, vistos desde el B/O Sarmiento de Gamboa, un día de sol espectacular pero frío frío.


Glaciar Johnson y montes Tangra entre la niebla.










Imágenes de la abrupta costa sur de la isla Livingston. El pico más alto alcanza los 1700 metros.





Luces del atardecer sobre el glaciar Charrua





Bahía de la Luna e islote de la Media Luna en la parte este de la isla Livingston.


Vista general de la isla Decepción, actualmente apenas alcanza los 500 metros en el punto más alto pero hace miles de años era un gran volcán que alcanzaba los 3000 metros. Debido a las erupciones al vaciarse su interior sufrió un colapso hacia adentro y ahora la isla es un anillo de tierra con una pequeña abertura que conecta el crater interior con el mar abierto.


BAE Gabriel de Castilla en el interior de isla Decepción 


Los Fuelles de Neptuno es el nombre que reciben los montes a ambos lados de la entrada al crater navegable de isla Decepción.


Extraña mezcla de material volcánico y hielo. 





Dos vistas de Caleta Balleneros en isla Decepción.








Espectacular acumulación de pequeños icebergs en Bahía Fildes, isla Rey Jorge. Habiamos estado allí tres o cuatro días antes y no había ni uno solo.


Sin embargo los grandes icebergs este año se dejaron ver poco. Este del primer día fue el más espectacular.












Y para terminar unas fotos del trabajo realizado, esto es, apoyo logístico a las bases españolas y de otros paises, principalmente para material para la reforma de la BAE Juan Carlos I.










lunes, 8 de febrero de 2016

En Isla Livingston


La Isla Livingston es una de las diecinueve que forman el archipiélago de las Shetland del Sur, situado al norte de la Península Antártica y separado de ella por el Estrecho Bransfield.
Livingston está situada en 62º37´S y 60º27`O. Tiene 974 km2 y forma irregular, con 73 km de largo y 34 km de ancho y un relieve muy abrupto con una altura máxima de 1700 m. La mayor parte de su superficie está cubierta por glaciares.


Es probable que la primera presencia humana en la isla hayan sido los posibles supervivientes del naufragio en 1819 del navío español San Telmo, al que se vio por última vez en el Paso Drake dirigiéndose al sur para escapar de una tormenta, con daños en el timón. Se dirigía junto con otros tres buques españoles desde Cádiz hasta Perú con 644 personas a bordo.
Ese mismo año 1819, estas islas fueron avistadas y bautizadas por el ballenero inglés Willian Smith, y en un segundo viaje desembarcó en ellas. De este viaje hay algún testimonio de la observación de restos un naufragio que podría ser el del San Telmo, acaecido meses antes.
La isla no tiene habitantes permanentes y tiene reclamaciones soberanía por parte de Argentina, Chile y Reino Unido. Actualmente está sometida a las condiciones del Tratado Antártico, que desde 1961, blinda el uso de las tierras por encima de latitud 60ºS a fines pacíficos y de interés para la humanidad y disponible para todos los países.
En la isla hay cuatro bases científicas de España, Bulgaria, Chile y Estados Unidos.
La española es la BAE Juan Carlos I, abierta en 1988. Está gestionada por el CSIC a través de la Unidad de Tecnología Marina (UTM). Tiene la consideración de Gran Instalación Científica, al igual que el B/O Sarmiento de Gamboa que este año está sirviendo como apoyo logístico para las labores de reacondicionamiento de la base. La base solo está ocupada durante el verano austral, entre los meses de noviembre y marzo; aunque el resto del año algunos equipos científicos realizan registros continuos automáticamente.

BAE Juan Carlos I
Durante los últimos días de enero y los primeros de febrero el Sarmiento de Gamboa estuvo descargando material y víveres en su segundo viaje desde Ushuaia. Por unas circunstancias u otras no pude poner el pie en tierras antárticas y aun así las fotos que pude tomar desde el barco ya me hacen pensar que el viaje ha merecido la pena. A continuación pongo una selección de estas imágenes. Fue difícil tener que descartar muchas de ellas.


Capitán y Primer Oficial atentos al instrumental y con la vista puesta en el horizonte en todo momento durante la aproximación a la isla.
Los puntos amarillos en el radar indican icebergs en la ruta.
 
Nada más llegar se bajó al agua la barcaza y empezaron las labores de descarga.



Glaciar Contell












Distintos colores de los icebergs según reciben la luz del sol.


Glacial Jonhson.

Las vetas de material negro en los glaciares de la isla son cenizas provenientes de erupciones pasadas del volcán de Isla Decepción, distante unos 30 km.

El tono azul del hielo se debe a que el hielo es muy compacto y sin burbujas de aire y ha perdido la capacidad de absorber la banda azul del espectro de luz solar.


El viento, el sol y el agua dan formas caprichosas a los icebergs.






























miércoles, 6 de enero de 2016

Por los Montes Martial

El 1 de enero de 2016 amaneció un día espectacular en Ushuaia. Sol total y nada de viento. Ideal para salir a conocer la zona. Sobre las nueve de la mañana, nos encontramos varios compañeros libres de guardia en la cubierta del barco y decidimos subir hasta el glaciar Martial, tal como nos había recomendado otro compañero que ya lo había visitado.



Circo glaciar y Montes Martial, con una altura máxima de 1319 metros.


El glaciar está situado justo detrás de la ciudad, según se mira desde el barco. Por lo que nos habían dicho a unos 7 kilometros por carretera montaña arriba y luego varios más por sendero. La idea inicial era ir en bici hasta donde pudiesemos pero, como ibamos cuatro y solo tenemos tres bicis, decidimos cambiar de medio de transporte y buscar un "remis", que es algo parecido a un taxi pero con algunos matices.



Avenida principal de Ushuaia, prácticamente desierta el 1 de enero.

Así pues,  Antonio, Alberto, Alejandro y yo salimos del barco en la zodiac y nos dirijimos hasta la oficina de turismo, donde nos dieron un mapa y algunas indicaciones para la ruta; y por la Avenida San Martín, la más concurrida de la ciudad, que ese día y a esa hora estaba prácticamente desierta, llegamos a la oficina de Remises Carlitos y allí solicitamos un coche.
A los pocos minutos llegó el vehículo y acordamos con el conductor que el precio serían 115 pesos; unos 8 €. En el trayecto, en un viejo Volkswagen con asientos de escai, fuimos en animada conversación con el remisero. Nos contó, por ejemplo, que la Nochevieja había sido tranquila en la ciudad y que aquí, lo que se estila en esas fechas es hacer la "joda" (= fiesta) en el campo; pandillas de amigos al aire libre, con música, bebida y comida y que es habitual que este tipo de jodas acaben en bronca.
Sobre las once llegamos a la base de la estación de esquí Martial y empezamos a caminar. El sendero transcurre a la orilla del río, que baja con fuerza de la montaña debido a la pronunciada pendiente y al deshielo. Caminamos a la sombra de unos árboles desconocidos para nosotros; por el tronco parecen coníferas pero las hojas son completamente distintas. Más adelante, gracias a un panel explicativo, pudimos saber que el árbol en cuestión es la lenga. Los bosques que rodean la ciudad están formados, casi exclusivamente, por este árbol.


Subiendo al lado del río, el glaciar se ve, a ratos, entre las lengas.














Ascendemos durante aproximadamente hora y media, a paso lento, charlando, haciendo fotos y admirando el paisaje. Por delante tenemos las moles rocosas cubiertas de nieve que conforman el circo glaciar Martial y si mirábamos atrás, vemos las aguas azules del Canal Beagle, con la ciudad asomando a nuestros pies entre los árboles, el Sarmiento fondeado cerca y la isla chilena Navarino, en la otra orilla.



El Canal Beagle, a nuestras espaldas según subimos.
Según vamos subiendo el tamaño de las lengas se reduce y sus troncos se retuercen, seguramente debido al azote del viento y al peso de la nieve que los cubre buena parte del año, llegando al punto de ser nosotros más altos que ellas, en lo que parece un inmenso jardín de bonsais. Al alcanzar una altura de unos 600 metros, los arboles ceden su sitio a una turbera que, en esta época del año, rezuma agua por todas partes y el río, ya convertido en arroyo, se descompone en multiples brazos bajando de las montañas que ya tenemos por delante y a los lados.



Turbera, bosquecillo de lengas que parecen bonsais y circo glaciar completo.

A partir de este punto ya caminamos entre manchas de nieve y se ve el resto de la ruta completa, que atravesando neveros cada vez de mayor entidad, va serpenteando ladera arriba, hasta llegar a una cascada de varias decenas de metros que cae por una pared de piedra vertical. Sin embargo, hacia la derecha sube otro camino, nada concurrido ese día pero con huellas de días pasados en la nieve. Al final hay un collado entre dos cumbres y decidimos subir hasta allí, para hacer un poco más larga la ruta y ver lo que hay al otro lado.



Siguiendo la ascensión por la ladera derecha mientras veíamos la ruta principal y la cascada al otro lado.

Al principio parece fácil, pero cuanto más avanzamos, a través o bien de nieve o bien de piedra suelta, más crece la pendiente. Es necesario incluso ayudarse a trepar con las manos en los últimos metros pero, una vez arriba, el esfuerzo merece la pena. Se llega a una altura de 990 metros y allí se acaba el camino, en un cortado vertical de varios cientos de metros, que deja ver un precioso valle, atravesado por un río con meandros y alguna laguna. Luego el río se interna en un bosque  y todo ello rodeado de montañas nevadas y en absoluto silencio. Luego supe que el valle en cuestión se llama Valle de Andorra.









Vistas desde el final de la ruta, a un lado el Valle de Andorra y por otro el Canal Beagle al fondo.

Tras las fotos de rigor nos sentamos a comer los bocadillos, contemplando el paisaje. Al cabo de un rato llegó a nuestra altura una pareja de neozelandeses, que según nos dijeron, habían intentado subir hacía diez dias pero les fue imposible por la cantidad de nieve que había. Ahora habían vuelto tras hacer un crucero por la Antártida.
Llegó la hora de bajar.....y de disfrutar, porque a ratos deslizándonos sentados sobre la nieve o a ratos corriendo sobre ella sabiendo que de caer era como caer entre algodón, nos presentamos en la base del glaciar en veinte minutos mientras que para subir empleamos casi dos horas.



Descenso entre la nieve.





El resto del descenso por el bosque de lengas ya no fue solo hasta la estación de esquí, sino que continuamos por él hasta el mismo pie de la ciudad.
Lo siguiente fueron una, dos y hasta tres cervezas en los locales de Ushuaia, buscando conexión wifi para compartir con nuestra gente las fotos del buen dia de montaña que vivido. Mi hijo Manuel, de seis años, al ver el video deslizándome montaña abajo entre la nieve, dijo que "papá lo está pasando allí mejor que yo aquí"...y seguramente a ratos ese día fue así.